Jesús, realmente no existió

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La verdad es que no tenemos pruebas reales de la existencia histórica de Jesús…

… o eso es lo que aún hoy muchos desearían, por alguna razón, el Cristianismo sigue siendo el centro de ataque preferido de aquellos que se hacen ver como contrarios a la fe, pero nada más distante de la verdad, ya que, a diferencia de incluso grandes pensadores, de cuya existencia historica nadie duda, como Socrates, Platon, Aristoteles entre otros, cuyas informaciones más cercanas a ellos datan de varios siglos posteriores a su vida, en el caso de Jesús de Nazareth es muy diferente, ya que la información que prueba su existencia real en un tiempo y espacios concretos abundan, y son de apenas pocos años de su presencia terrenal.

Por esta razón hoy queremos darte una lista de fuentes fieles NO CRISTIANAS, que demuestran y prueban al Jesús historico.

 

Mara Mar Serapio (70 dC)

Aparentemente, este filósofo, en una carta enviada a su hijo, comentó detalles relevantes sobre Jesús y su impacto en ese tiempo.

¿Qué más podemos decir, cuando los sabios están forzosamente arrastrados por tiranos, su sabiduría es capturada por los insultos, y sus mentes están oprimidas y sin defensa? ¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como un juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samo cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por la arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Dios, de manera justa, vengó aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre; los habitantes de Samo fueron arrollados por el mar; los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Juno. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la «nueva ley» que había dado.

Flavio Josefo (93 dC)

Claudio Josefo era un historiador judío; sus escritos se caracterizan por tener una cierta neutralidad, cosa valiosa para un historiador, y así resalta 3 aspectos de Jesús y los Cristianos:

  • Jesús como una persona sabia
  • Que era seguido por una tribu llamada «Cristianos»
  • Y que Poncio Pilato lo crucificó

El texto de Flavio Josefo fue:

En aquel tiempo vivió un hombre sabio llamado Jesús, cuya conducta era virtuosa y de gran virtud. Muchos judíos y personas de otras naciones se convirtieron en sus discípulos. Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Sin embargo, quienes se habían convertido en sus discípulos no lo abandonaron, sino que relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Por lo tanto, tal vez era el Mesías del que los profetas habían hablado maravillas.

Plinio el Joven (112 dC)

Era gobernador en lo que hoy es Turquía; en una de sus cartas al emperador Trajano le habla sobre los cristianos y sus costumbres. Se habla de lo que podría ser la celebración de misas (santa cena) y la infinidad de torturas a los que fueron expuestos para lograr que muchos negaran su fe, siendo este uno de los textos más largos que tenemos sobre este tema según la visión de los paganos de esos tiempos.

Gayo Plinio saluda al emperador Trajano

Es costumbre para mí, mi señor, consultarte acerca de todas las cosas sobre las que dudo. ¿Quién, en efecto, puede guiar mejor mi irresolución o instruirme en lo que no sé?
Jamás he participado en los procesos contra los cristianos: por ello, desconozco qué suele castigarse o perseguirse y hasta qué punto. Y no he dudado poco si acaso se hace alguna distinción de edad o, por tiernos que sean, en nada difieren de los más robustos; si hay perdón para el arrepentimiento, o si el que fue completamente cristiano no obtiene alguna ventaja al haber dejado de serlo. Si se castiga el mero hecho de llamarse cristiano, en caso de que no se hayan cometido delitos, o si se castigan los delitos asociados a tal nombre.
Entretanto, esta es la norma que he seguido para con aquellos que hasta mí han sido traídos como cristianos. A ellos mismos les pregunté si eran o no cristianos. A quienes confesaron que sí les pregunté una segunda y una tercera vez, con la amenaza de suplicio; ordené que se ejecutara a los que perseveraban. Yo no dudaba, en efecto, de que, al margen de lo que confesaran, debía castigarse la pertinacia y la obstinación cerrada. Hubo otros de similar desvarío a los que apunté para que fueran enviados a Roma, ya que eran ciudadanos romanos. Poco después, como suele ocurrir, al extenderse la acusación por causa del mismo proceso, se dieron situaciones variadas.
Se hizo público un libro anónimo que contenía los nombres de muchas personas. Quienes negaban que eran cristianos o que lo hubieran sido, una vez que por medio de una fórmula mía imploraron a los dioses y suplicaron con incienso y vino a una imagen tuya que había ordenado colocar para este cometido, junto a unas figuras de los dioses, y una vez que, además, blasfemaron contra Cristo, cosas que dicen que no pueden ser obligados a hacer quienes en verdad son cristianos, consideré que podía dejarlos libres.
Otros, nombrados por un delator, declararon que eran cristianos y poco después lo negaron; dijeron que lo habían sido ciertamente, pero que habían dejado de serlo, algunos hacía ya tres años, otros ya muchos años antes, alguno incluso veinte. Asimismo, todos ellos adoraron una imagen tuya y las figuras de los dioses y, además, blasfemaron contra Cristo.
Aseguraban, asimismo, que toda su culpa o su error no había sido más, según ellos, que haber tenido por costumbre reunirse un día señalado antes del amanecer, cantar entre ellos, de manera alterna, en alabanza a Cristo como si fuera un dios, y comprometerse mediante juramento no a delinquir, sino a no robar, ni cometer pillajes ni adulterios, a no faltar a su palabra ni negarse a devolver un depósito cuando se les reclamara. También decían que, una vez realizados estos ritos, tenían por costumbre separarse y reunirse de nuevo para tomar el alimento, totalmente corriente e inocuo, pero que dejaron de hacerlo tras mi edicto, por el cual, según tus mandatos, había prohibido que hubiera asociaciones.

Así pues, creí aún más necesario inquirir también, mediante el tormento de dos esclavas que eran llamadas “ministras”, qué había de verdad. No encontré ninguna otra cosa más que una superstición depravada y desmesurada.
Por ello, aplazada la indagación, me he apresurado a consultarte. A mí me parece que se trata de una cuestión digna de consulta, sobre todo a causa del número de personas que corren peligro (de ser juzgadas).

Hay mucha gente, en efecto, de todas las edades, de todas las condiciones y de ambos sexos incluso que son llamados a juicio y seguirán siendo llamados. Y el contagio de esta superstición no se ha extendido tan sólo por las ciudades, sino también por las aldeas y los campos; aún así, parece que puede detenerse y corregirse.

Sin embargo, hay suficiente constancia de que los templos, casi ya abandonados, han comenzado a frecuentarse, y que se vuelven a celebrar los sacrificios rituales, hace tiempo interrumpidos, y que se vende por todas partes la carne de las víctimas, para la que hasta ahora no se encontraban sino escasísimos compradores. De esto es fácil deducir qué cantidad de personas podría enmendarse si hubiera lugar para el arrepentimiento.

Cornelio Tácito (116 dC)

Cornelio Tácito era romano, procurador y cónsul en Asia, y de forma muy clara confirma la ejecución de Jesús, y no solo eso, también habla de la falsa acusación de Nerón sobre el incendio de Roma.

Pero todos los esfuerzos humanos, todos los generosos regalos del emperador y las propiciaciones de los dioses no lograron desterrar la siniestra creencia de que el incendio había sido ordenado. En consecuencia, para acallar el rumor, Nerón culpó a la comunidad e infligió las torturas más crueles a una clase odiada por sus abominaciones, a quienes el pueblo llamaba cristianos. Cristo, de quien provenía el nombre, sufrió la pena capital durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato, y una superstición sumamente perniciosa, así contenida momentáneamente, resurgió no solo en Judea, origen del mal, sino incluso en Roma, donde todo lo horrendo y vergonzoso del mundo encuentra su centro y se populariza. Por consiguiente, primero se arrestó a todos los que se declararon culpables; luego, con base en sus declaraciones, una inmensa multitud fue condenada, no tanto por el crimen de incendiar la ciudad, sino por odio a la humanidad.

Gayo Suetonio (120 dC)

Era un destacado historiador del Imperio romano, y comenta en pequeños fragmentos sueltos que en ese tiempo se les aplicaban torturas y delitos colectivos a quienes se llamaban cristianos; uno de ellos muy nombrado es:

Él (Claudio) expulsó de Roma a los judíos que hacían constantemente disturbios por instigación de Cresto

En otro fragmento cita:

Dado que los judíos constantemente crearon disturbios por instigación de Cresto, él los expulsó de Roma

Los estudios afirman que la palabra Cristo posiblemente era desconocida por él y solo la escribió como llegó a él y posiblemente le llegó mal al escribir CRESTO en lugar de CRISTO.

 

Luciano de Samósata (165 dC)

Es uno de los satíricos de la época que se caracterizaba por sus burlas y ofensas directas a los cristianos, y en su obra «El peregrino de paso» expresa:

Los cristianos… adoran hasta el día de hoy a un hombre: el distinguido personaje que introdujo este nuevo culto y fue crucificado por ello… Como ven, estas criaturas extraviadas parten de la convicción general de que son inmortales para siempre, lo cual explica su desprecio por la muerte y su devoción a sí mismos… Su legislador les enseñó que todos son hermanos desde el momento de su conversión, y que niegan a los dioses de Grecia, adoran al sabio crucificado y viven según sus leyes. Todo esto lo aceptan por fe

El Talmud judío (200 dC)

Hasta el día de hoy, cuando se pregunta a los rabinos sobre Jesús, siempre se refieren al tratado Sota 47 del Talmud de Jerusalén, donde se afirma que Jesús fue discípulo del presidente del Sanedrín, Josué ben Perahiah, y lo nombran como un malvado.

Aquí las palabras del rabino Pinhas Badush, citando la historia:

Jesús fue discípulo del rabino Josué ben Perahiah… Al principio de su camino, era estudiante de la academia. Un día, el rabino y sus discípulos se hospedaron en una posada, y el rabino los elogió diciendo:

‘¡Qué hermosa es esta posada!’. Jesús, con sus pensamientos impuros, creyó que el rabino se refería a la posadera, y le dijo: ‘La mujer no es hermosa, tiene los ojos bizcos’.

Al oír esto, el rabino se enojó mucho y le dijo a Jesús: ‘¡Desgraciado!, pues la Ley dice: “No sigas los deseos de tu corazón ni de tus ojos”’.

Lo expulsó de la academia. Pero Jesús se presentó ante él muchas veces y le pidió perdón. Sin embargo, el rabino no lo perdonó, hasta que un día decidió en su corazón:

Si él (Jesús) viene hoy, lo perdonaré’”. Jesús se dijo a sí mismo:

Si el rabino no me perdona hoy, iré a adorar ídolos.

Cuando fue a pedir perdón, el rabino estaba recitando la oración del Shemá, así que le hizo una señal con la mano para que esperara, pero Jesús pensó que el rabino le decía que se fuera, así que se fue, y lo hecho, hecho está.

Otro ejemplo son las palabras del rabino Benjamín Shmuel:

Estamos hablando de Jesús, el discípulo del rabino Josué ben Perahiah… Su historia comienza, según el Talmud, con la mirada puesta en cosas inmodestas, y de ahí cayó en la idolatría, practicó la hechicería, sedujo e hizo pecar al pueblo de Israel

Piedra de Pilatos

La «Piedra de Pilato» es un bloque de caliza con una inscripción latina descubierta en 1961 en Cesarea Marítima, Israel. Aunque confirma históricamente la existencia de Poncio Pilato como «prefecto de Judea», no menciona a Jesús ni relata su juicio o crucifixión, pero nos da un dato muy valioso, la precisión histórica de los Evangelios.

Texto de la piedra

Al Divino Augusto Tiberio, Poncio Pilato, prefecto de Judea, dedica esto

Grafito de Alexamenos

Se considera la primera representación pictórica conocida de la crucifixión de Jesús. El grafito fue descubierto en 1857, cuando el edificio denominado domus Gelotiana (una especie de internado para los pajes imperiales) fue desenterrado en el monte Palatino. Se data como fecha aproximada el año 85-95 d.C., bajo el emperador Domiciano, ya que posteriormente habría permanecido sellada la casa. Es el grafito de Alexámenos.

Dice:

Alexámenos adorando a su Dios

El Cristianismo

La fe cristiana nació en la persona de Cristo Jesús, pero no quedó allí; lentamente, al correr de los siglos, fueron descubriéndose nuevas verdades de fe que, si bien muchas de ellas ya fueron dichas por el mismo Jesús, nos costó mucha meditación, reflexión y oración entrar en ese saber.

Aun en estos tiempos seguimos madurando; la iglesia y su misión de transmitir el mensaje siguen entendiendo a Dios poco a poco, siguen entendiendo su revelación en cada nuevo tema que el mundo le toca comprender, pero en ese descubrir, tenemos la certeza de que hemos comenzado en la persona de un hombre que vivió en la historia y trascendió a él, así como hoy lo sigue haciendo.

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