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Desde la otra orilla del Paraná, como argentino y hermano en la fe, observo con admiración y profunda reflexión el tesoro espiritual de Paraguay. Ustedes, que habitan la tierra donde nació la Cruzada Mundial de la Amistad, tienen en sus manos una llave que el mundo moderno —fragmentado y hostil— necesita con urgencia. Sin embargo, como filósofo, me permito interpelarlos:
¿Es la amistad paraguaya solo un sentimiento o es una verdadera categoría ética y social?
Superar la «Fe de Retablo»
El Concilio Vaticano II, en su constitución Gaudium et Spes, nos recordó que la Iglesia no vive de espaldas al mundo. Por el contrario, debe aprender de él. Como católico apostólico romano de raíz judeocristiana, entiendo que nuestra devoción no puede ser «platónica» —encerrada en un mundo de ideas y ritos lejanos— ni «infantil», limitada a una Mariana devocional que no transforma la realidad. La verdadera devoción a la Virgen, nuestra Madre, es la que nos lanza al encuentro del hermano, especialmente del que piensa o cree distinto.
Evangelizar es Diálogo, no Imposición
En el contexto del Norte argentino y de Paraguay, a menudo se confunde la evangelización con la imposición de una doctrina. Pero el Papa Pablo VI, en su encíclica «Ecclesiam Suam», nos dio una lección magistral:
«La Iglesia debe hacerse coloquio».
Evangelizar no es un monólogo de poder, sino un ejercicio de humildad donde la escucha es el primer paso.
Como filósofo, insisto: no se puede anunciar a Cristo si no se ha escuchado primero el corazón del prójimo. El diálogo no es una estrategia de marketing religioso para convencer, es un acto de amor donde reconocemos que el Espíritu Santo ya habita en el otro. El laico que no escucha, no evangeliza; simplemente hace propaganda.
Un Diálogo en el Tiempo de Dios: Cuaresma, Ramadán y Pesaj
Hoy vivimos una coincidencia espiritual providencial. Mientras nosotros transitamos la Cuaresma, nuestros hermanos musulmanes viven el mes sagrado de Ramadán y el pueblo judío se prepara para el Pesaj. Paraguay, con su histórica hospitalidad, es el escenario ideal para demostrar que la amistad internacional no es una utopía. Respetar el ayuno del hermano musulmán o valorar la herencia del hermano judío no debilita nuestra fe; al contrario, la «transubstancia» en caridad viva y nos hace mejores cristianos.
El Deporte y el Arte: Lugares Teológicos
La Iglesia debe aprender del mundo, y el mundo se expresa en la cultura y en el deporte. Estos lenguajes universales son los campos de entrenamiento para la amistad. El laico paraguayo debe entender que la Doctrina Social de la Iglesia se juega tanto en un aula como en una cancha o en una expresión artística. Allí es donde el diálogo se hace carne y donde la fe sale de las sacristías para impregnar la vida cotidiana.
El Puente de la Amistad
Como argentino que ama esta tierra, los invito a elevar la mirada. Que la Laicoteca sea el espacio donde el laicado paraguayo pase de la devoción pasiva al compromiso activo.
Paraguay no es solo un eje geográfico; es el eje de la Amistad Social. Tienen la semilla de la paz mundial en su propia historia; solo falta que la formación y el diálogo la hagan germinar en justicia.
Perfil del Autor

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Saludo del Autor
Prof. Mauricio Rodríguez (Tres Isletas, Chaco)
Desde el silencio del monte chaqueño, donde el polvo se vuelve ruego y la distancia es una forma de la esperanza, elevo este saludo que es, ante todo, un puente.
Aquí, en la Santiada, la fe no se explica: se cabalga. Es el «lugar sagrado» donde Dios no es un concepto de biblioteca, sino un vecino que atraviesa el monte con nosotros, recordándonos que lo divino siempre elige encarnarse en el barro y en la fatiga del camino. En este tiempo donde el cielo se vuelve fiesta, abrazo a mis hermanos musulmanes que, tras el desierto del ayuno, hallan el oasis de la misericordia. Su sed es la nuestra; su disciplina es el eco de nuestra propia entrega. Del mismo modo, me uno al júbilo de mis hermanos judíos en Purim, celebrando esa Providencia que, con mano invisible, transforma las sombras del destino en danzas de libertad. Que el violín de nuestra selva, el silencio del Ramadán y la alegría de la liberación judía compongan una sola sinfonía de paz. Porque al final, ya sea bajo el sol del Chaco o frente al muro de la historia, todos somos buscadores de la misma luz. Que nuestro caminar conjunto sea el único dogma, y el amor al hermano, nuestro único altar. Desde el corazón de Tres Isletas, pido que la paz no sea un tratado, sino un abrazo que nos reconozca a todos como hijos de un mismo Misterio.


